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24 October 2021

IL PRIMO DIO di Emanuel Carnevali su LEGGI.SCRIVI.DOMANDA - di Eugenio Di Donato (Instagram)

 






Un libro assolutamente da leggere.

New York è piena di cimici. L'America è spietata con i miserabili. Nella città più giovane del mondo Emanuel cerca lavoro, e quando non cerca lavoro, cerca da mangiare. Ha sempre fame fame fame. Raccoglie da terra tozzi di pane e cicche di sigarette e non è la cosa più abietta a cui si sia abbassato.

Emanuel non è un servo, e per dimostrarlo a se stesso e al mondo scrive. Scrive poesie. Sente in cuor suo di essere un grande poeta. Ma proprio quando finalmente la sua opera è riconosciuta da quei «grandi» presso i quali ha cercato consenso per l'intera vita, si ammala pesantemente come se ubbidisse alle sue stesse parole: «non ho mai voluto essere ricco né tantomeno sfuggire alla povertà, e questo ha generato una gran confusione»

Leggete "il primo Dio" e leggete "Transmission (El Doctor Sax 2021)" entrambi, Carnevali e Ian Curtis, sono incapaci di sfuggire al contenitore che li contiene. Entrambi emettono, e ferocemente si estinguono incapaci di riconoscersi nello stare bene e nel successo.







17 March 2019

"A sangre fría" de Truman Capote - Cristina Vitagliano (Español)





“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”. Así habló Truman Capote en una entrevista describiéndose a sí mismo y a su vida. Un Oscar Wilde siglo XX, le etiquetaron más tarde, quizás más por su homosexualidad declarada que por hipotéticas similitudes literarias. Porque, si bien el dandy más famoso de la literatura británica era conocido por su personalidad excéntrica y por su estética vanguardista, pero elegante, el escritor estadounidense, a quien todo el mundo conocía por "Desayuno con diamantes", fue descrito por aquellos que lo conocieron, como un hombre controvertido y agudo, igual que su escritura. Y es precisamente este Truman Capote lo que nos interesa, el que, en 1959, después de leer un artículo sobre un asesinato en el New York Times, se dejó atrás el puente de Brooklyn y las luces de la Gran Manzana para aventurarse en un mundo que no podría haber estado más lejos. Un microcosmos de Estados Unidos formado por campesinos y graneros, en el corazón de Kansas, donde comenzó el largo viaje de entrevistas e investigaciones que lo llevaron, seis años más tarde, a completar la escritura de la novela "A sangre fría ”. El libro, un informe crudo, dedicado a la brutal masacre de una familia entera de agricultores por manos de dos criminales, tiene una larga lista de protagonistas, el primero de los cuales solo puede ser el  estado de Kansas.


Es el mismo Kansas donde Dorothy vivió antes de ser arrastrada a Oz por el tornado, pero esta historia no tiene lugar para hombres de hojalata y brujas; en el Kansas de Truman Capote hay una América rural y católica, que caza faisanes, trabaja la tierra con la cabeza hacia abajo y depende de la divina providencia; pero al mismo tiempo, es una América rural, conmovedora y desesperada, donde la leche condensada se come en los días de fiesta y los plátanos podridos en los días normales, donde se recogen colillas de cigarrillos del suelo y el alcohol es barato. Simples paliativos para el sufrimiento y la violencia de la vida. 

Truman Capote estaba muy lejos de su casa cuando comenzó a escribir "A sangre fría", sin embargo escribiendo este libro se encontró con un paliativo a su propio sufrimiento, tanto  que, según sus palabras, este libro cambió su vida. Su manera, increíblemente fría, y al mismo tiempo casi despreocupada y descuidada, de contar la masacre de la familia Clutter, le trajo numerosas críticas, entre ellas la de haber actuado con un "voyeurismo cínico". Esta novela, que, según sus esperanzas, debería haberle hecho ganar el Premio Pulitzer, llevó a los críticos y a los lectores de la época a preguntarse sobre este cinismo, a preguntarse si fuese correcto "observar" un crimen desde el ojo de la cerradura, contando hechos, detalles y minucias, sin cambiar de tono, sin juicio y, sobre todo, sin lástima.


Capote nos cuenta de los cuatro miembros de la familia Clutter, y de sus vidas simples, hechas de galletas de coco, graneros, caza de conejos, iglesia y de todo lo que era su cotidiana vida campesina. Nos cuenta de la joven Nancy, de sus dieciséis años, de sus "vaqueros desteñidos" y su "suéter verde", preparaba tartas de cerezas, quedaba con su novio conocido en la escuela y, desde su colorida habitación, soñaba con Manhattan, la misma Manhattan que amaba Capote. Una docena de páginas y se habla nuevamente de Nancy, pero esta vez de una Nancy irreconocible, porque  le habían disparado en el cuello. Se habla de su osito de peluche que, como ella, mirando al cielo, se tendió a sus pies, atado a sus manos.

No hay esperanza de justicia, no hay dolor, no hay tristeza en la historia de Nancy y de su familia, solo existe el frío helado de las noches de noviembre en Kansas, que, tal vez, se parece al mismo frío de las noches de Nueva York.



Luego están las historias y las palabras de los dos ejecutores de la masacre, los dos asesinos que mataron sin piedad a los Clutters, y que, por este motivo, fueron condenados a muerte y ejecutados unos meses antes de la publicación de "A sangre fría".

Capote los menciona tácitamente al principio de su novela, hablando de "colaboradores", que gracias a numerosas entrevistas, hicieron posible escribir el libro. Y es hacia a Dick y Perry, los únicos actores aún vivos de la tragedia, los únicos que Capote pudo conocer en persona, a quienes dirige su atención.


Gracias a sus palabras, transmitidas y enriquecidas por las opiniones del autor, sabemos que Richard "Dick" Hickock, "no tenía sensibilidad para la música y la poesía", pero, no solo eso, era "intensamente sólido, invulnerable, absolutamente masculino".

De la misma manera, sabemos que Perry Smith, sobre el cual hay rumores de una  relación sentimental con el mismo Capote (rumores no verificados), "podía ser como un niño", que pasaba horas enteras chupándose los pulgares y al mismo tiempo "era capaz de enfadarse más rápido que diez indios borrachos ".

Sabemos que Perry era "un joven duro y frío, con una mirada serena y un poco adormecida". Este es el punto: "frío" es realmente la palabra clave de este libro y no solo porque es una de las tres que componen el título.

Perry es frío; pero fría es también la sangre del lector, que realmente se congela en las venas al leer la descripción muy detallada del asesinato, así como de frío es el Kansas, en el corazón de América, tan frío y al mismo tiempo hermoso, como el estilo de Truman Capote.


"A sangre fría" es un libro difícil de leer y de digerir. Es un libro complicado, que tardó seis años en salir a la luz y que esos seis años los muestra todos. Sin embargo, es un libro que hay que leer, un libro necesario, aunque solo sea para admirar el absoluto talento literario de Truman Capote.

Cristina Vitagliano

14 March 2019

“A sangue freddo” di Truman Capote - Cristina Vitagliano (Italiano)



"Sono un alcolizzato. Sono un tossicomane. Sono un omosessuale. Sono un genio". Così parlò Truman Capote, in un’intervista, descrivendo se stesso e la sua vita. Un Oscar Wilde del ‘900, lo definirono in seguito, forse più per la dichiarata omosessualità che per ipotetiche similitudini letterarie e caratteriali. Perché, mentre il più celebre dandy della letteratura britannica era noto per la sua personalità eccentrica e arguta ma comunque bonaria e per la sua estetica all’avanguardia per l’epoca, ma comunque elegante, lo scrittore americano, che tutto il mondo conobbe per “Colazione da Tiffany”, venne descritto da chi lo conosceva in toni ben più controversi e taglienti, proprio come la sua scrittura. Ed è proprio quel Truman Capote che ci interessa raccontare in questo articolo, quello che, nel 1959, dopo aver letto un articolo di cronaca nera sul New York Times, si lasciò alle spalle il ponte di Brooklyn e lo scintillio della Grande Mela per avventurarsi in un mondo che più distante non poteva essere, in un microcosmo di America fatta di contadini e granai, nel cuore del Kansas, dove iniziò il lungo percorso di interviste e indagini che lo portò, sei anni dopo, a completare la stesura del romanzo “A sangue freddo”. Il libro, un crudo reportage dedicato all’efferato massacro di un’intera famiglia di agricoltori ad opera di due criminali, conta una lunga serie di protagonisti, il primo dei quali non può che essere il Kansas. 


Si tratta di quello stesso Kansas in cui Dorothy abitava prima di essere portata a Oz dal tornado, ma questa storia non trova spazio per uomini di latta e streghe dell’ovest; nel Kansas di Truman Capote c’è l’America rurale per bene e cattolica, che caccia i fagiani, lavora la terra a testa bassa e si affida alla provvidenza; ma allo stesso tempo c’è l’America rurale più sofferente e più disperata, dove si mangiano latte condensato nei giorni di festa e banane marce nei giorni normali, dove si raccolgono cicche di sigaretta da terra e l’alcol da poco è l’unico palliativo alle sofferenze e alla violenza della vita. 

Truman Capote era molto, molto lontano da casa quando iniziò a scrivere “A sangue freddo”, eppure, forse, trovò lui stesso un palliativo alle sofferenze nel comporre il libro che, a suo stesso dire, gli cambiò la vita, entrando e spiando in modo quasi morboso le vite dei vari attori, tanto vivi quanto morti, di quella crudele tragedia. Proprio il suo modo, incredibilmente freddo e allo stesso tempo quasi spensierato e noncurante, di raccontare il massacro della famiglia Clutter, gli attirò numerose critiche, tra cui quella di aver agito con “voyeurismo cinico”. Quel romanzo, che, secondo le sue speranze, avrebbe dovuto regalargli il Premio Pulitzer, portò critici e lettori dell’epoca a interrogarsi su quel cinismo, a chiedersi se fosse giusto “osservare” un crimine come dal buco di una serratura, raccontandone fatti, dettagli e minuzie, senza mai cambiare tono, senza mai mettere in mezzo moralità, giudizio e, soprattutto, pietà. 


Si parla dei quattro membri della famiglia Clutter, della loro vita semplice, fatta di biscotti alla noce di cocco, chiesa, granai, caccia ai conigli, chiesa e tutto ciò che componeva la loro banalmente umana vita contadina. Si parla della giovane Nancy, che a sedici anni, nei suoi “jeans sbiaditi” e “maglione verde”, preparava torte alle ciliegie, violava il coprifuoco serale con il suo ragazzo conosciuto a scuola e, dalla sua stanza colorata, sognava Manhattan, la stessa Manhattan a cui apparteneva Capote. Non passano che una decina di pagine e, con lo stesso freddo candore, si parla nuovamente di Nancy, ma questa volta di una Nancy irriconoscibile, perché come altro poteva essere dal momento che le avevano “sparato alla nuca tenendo l’arma a pochi centimetri”? Si parla del suo orsacchiotto che, come lei, fissava il vuoto, e giaceva a fianco dei suoi piedi e delle sue mani legate. 

Non c’è una speranza di giustizia, non c’è pena e non c’è tristezza nel racconto della fine di Nancy e dei suoi familiari, c’è solo il freddo gelido delle notti di novembre del Kansas, ma forse anche di quelle di New York. 


Ci sono poi le storie e le parole dei due esecutori della strage, i due assassini che uccisero i Clutter senza pietà e che vennero, per questo, condannati a morte e giustiziati pochi mesi prima della pubblicazione di “A sangue freddo”. 

Capote li cita tacitamente nell’incipit del suo romanzo, parlando di “collaboratori” che, grazie a numerosi colloqui, resero possibile la stesura del libro. Ed è proprio a loro, Dick e Perry, gli unici due attori ancora in vita della tragedia e dunque gli unici che Capote poté conoscere in prima persona, che egli rivolge le più personali attenzioni. 


È dalle loro parole, trasmesse e arricchite dalle opinioni dell’autore, che sappiamo che Richard ‘Dick’ Hickock, “non aveva sensibilità per musica e poesia”, ma, non solo, era “intensamente solido, invulnerabile, assolutamente mascolino”

Allo stesso modo, sappiamo che Perry Smith, con cui si vocifera Capote ebbe addirittura un flirt (voci non verificate, ndr), “poteva essere come un bambino”, che passava ore intere a succhiarsi i pollici per poi “montare su tutte le furie più in fretta di dieci indiani ubriachi”

Sappiamo che Perry era “un giovane duro, freddo, con occhi sereni e un po’ sonnolenti”, e, a questo punto, non si può non capire come “freddo” sia realmente la parola chiave di questo libro e non solo perché è una delle tre parole che ne compongono il titolo. 

Freddo è Perry; ma freddo è anche il sangue che, in effetti, si gela nelle vene leggendo la dettagliatissima descrizione dell’omicidio, così come freddo è quel Kansas nel cuore dell’America e così come fredda, e allo stesso tempo bellissima, e la penna di Truman Capote in questo libro. 


“A sangue freddo” è un libro duro da leggere e da digerire. È un libro complicato, che ha richiesto sei anni per venire alla luce e che quei sei anni li dimostra tutti. Eppure è un libro che va letto, un libro necessario, anche solo per ammirare il talento letterario assoluto che l’ha scritto.

Cristina Vitagliano

15 May 2018

Il primo Dio di Emanuel Carnevali - Rensioni dei lettori su Amazon


IL TORMENTO DELLA VITA
Quando il dolore di vivere si tramuta in capolavoro. Un'esistenza che racchiude molteplici vite, tutte accomunate da un tormento esistenziale simile al martirio. Ascesa e caduta, sanità e follia. La nascita di un Dio, l'unico Dio.
Stefania Maggio


MI È PIACIUTO
Emanuel Carnevali è un autore "dimenticato" che desta profonde emozioni. Un libro commovente da riscoprire e rileggere a distanza di tempo. Lettura Consigliata.
Cliente Amazon


BELLO MA UN PO' COMPLICATO
Libro molto bello e complesso di uno scrittore molto poco conosciuto da noi in Italia, ma che era diventato un caso letterario negli Stati Uniti.
Marcella Vigna


MERAVIGLIOSO
Non conoscevo l'autore, ma non si può non rimanerne affascinati ed al tempo stesso estasiati per lo stile dell'autore.
1911dc


LIBRO NUOVO E MOLTO BELLO
Mi sento di consigliare vivamente questo libro e la casa editrice a tutti quanti
si possono toccare puntualità e bellezza.
Cliente Amazon










10 April 2018

DISTURBING AMERICA - Emanuel Carnevali



Emanuel Carnevali (1897-1942) was born in Florence, Italy, and immigrated to the U.S. just before World War I. He held a series of menial jobs in New York City before joining literary circles whose ranks included William Carlos Williams, Ezra Pound and Robert McAlmon. Though Carnevali rose to prominence partly by disparaging older, established poets such as Williams and Ezra Pound, Williams praised Carnevali for being “wide, Wide, WIDE open. He is out of doors. He does not look through a window.” In his poetry and prose, Carnevali prized immediacy of expression and vivid depictions of suffering. In 1919, Harriet Monroe invited Carnevali to become editor of Poetry, a position he held for six months. While in Chicago, Carnevali became seriously ill with encephalitis lethargica, a disease that caused him to shake uncontrollably. He was hospitalized and eventually returned to Italy, where he kept up correspondences with Williams and Boyle until his death in 1942. Carnevali was a man of two worlds, Italy and America, and his slightly primitive but fluent English is supplemented by the verve of his native tongue.





Italy is a little family;
America is an orphan
Independent and arrogant,
Crazy and sublime,
Without tradition to guide her,
Rushing headlong in a mad run which she calls progress.
Tremendously laborious America,
Builder of the mechanical cities.
But in the hurry people forget to love;
But in the hurry one drops and loses kindness.
And hunger is the patrimony of the emigrant.

Emanuel Carnevali



03 November 2016

IL PRIMO DIO - Emanuel Carnevali

Emanuel Carnevali (Firenze, 4 dicembre 1897 - Bologna, 11gennaio 1942) rappresenta uno dei casi più singolari di letteratura dell'emigrazione. In questo intensissimo romanzo autobiografico Carnevali ci racconta il dramma di un'esistenza che non trova pace fin dall'infanzia, che lo spinge ad emigrare in America, dove il suo desiderio di affermazione si scontra contro una società che lo emargina e lo relega a umili lavori. Impara l'inglese da autodidatta e comincia a scrivere, soprattutto poesia, ma proprio quando il successo e i riconoscimenti di grandi scrittori come Sherwood Anderson e William Carlos Williams sembrano sfiorarlo, viene colpito da una forma acuta di encefalite che lo costringe a tornare in Italia e concludere i suoi giorni in un manicomio. 



"Questa era la New York a lungo sognata, questa terribile rete di scale di sicurezza. Questa non era la New York che avevamo tanto sognato, la città così cara alla fantasia, così accarezzata fra tutte le speranze che un uomo può concepire: questo sogno di chi non sogna, il rifugio di chi non ha casa, questa città impossibile. Il miserabile panorama che avevamo davanti agli occhi era quello di una delle più grandi città del mondo."